FELIZ AÑO NUEVO CON EL CALENDARIO 2023 DE LA MISION DE TAKAMATSU


Navidad 2022  Año Nuevo 2023


Queridos hermanos, después del covid, ha venido la guerra y las subidas de precios y la nueva precariedad. Pero Dios nunca está "en rojo", y es precisamente en la precariedad más fuerte donde su amor providencial se hace sentir. Lo hemos experimentado tantas veces en estos 20 años de misión aquí en Takamatsu.

De hecho, en el año 2022, celebramos el vigésimo aniversario de la misión deseada con celo apasionado por el obispo Fukahori, el santo obispo que me ordenó sacerdote. Eligió la zona en la que empezar, en aquel entonces en los suburbios sur de Takamatsu, hoy zona de primer desarrollo de la ciudad. Tiendas, empresas y pequeñas fábricas, todo se traslada aquí. Pero, sobre todo, desde hace años, las nuevas viviendas para familias jóvenes surgen como setas después de una gran lluvia. Y una lluvia de Gracia y del Espíritu Santo llovió aquí en Busshozan aquel 29 de junio de 2002 cuando, en la Solemnidad de los Santos Pedro y Pablo y en comunión con el Papa San Juan Pablo II, Mons. Fukahori, con una Eucaristía celebrada en la casa, inició la misión enviando a las familias italianas y españolas y a mí mismo a anunciar el Evangelio, con la vida y la Palabra.

Lluvia del Espíritu y de Gracias que, estamos seguros, se derramó fecundamente sobre esta ciudad. Muchos japoneses se han acercado a la casa donde vivo y al centro litúrgico y de evangelización de la misión. Entre ellos, algunos se han unido al Pueblo de Dios recibiendo el bautismo, o simplemente caminando con nosotros como Rut, la moabita (pagana) y abuela del rey David que, viuda muy joven, abandonó su país y sus dioses, para compartir la suerte de Noemi su suegra judía. Este es quizás el rasgo más característico de esta misión, los muchos Rut que, de diferentes maneras y en diferentes momentos, están con nosotros, aunque todavía no hayan recibido el Bautismo, y quizás nunca lo reciban. Respiran las suaves pero fuertes ráfagas del Espíritu Santo que Dios envía cada día a esta Misión. Escuchan, observan, se preguntan, mientras sus corazones permanecen despiertos en una santa inquietud que es ya cercanía a Cristo. Están con nosotros, atrapados en el misterio del amor de Dios que se hace real y visible en personas como ellos, esposos y esposas, padres, madres e hijos, abuelos y abuelas, niños, jóvenes y su sacerdote.

En la pobreza y la debilidad idénticas a las de los japoneses, Dios quiso poner un rayo de su rostro como en un jarrón de arcilla, para que la gente que vive a nuestro lado, desde los muchos Ruts hasta los más indiferentes, pudieran ser alcanzados al menos una vez en su vida por su luz. Y. sobre todo, la Cruz de cada día en la que extienden sus vidas, de diversas formas, incluso las jóvenes parejas que han venido aquí cuando eran niños con sus familias misioneras. El sufrimiento vivido en Cristo, con la fuerza y la luz de la fe, es el gran signo de que Cristo ha vencido verdaderamente a la muerte, el corazón del anuncio evangélico, el testimonio auténtico que se hace carne y llega, como un dardo, al corazón de los japoneses y de los muchos inmigrantes sudamericanos y asiáticos que Dios ha confiado a nuestra misión. 

El obispo Fukahori quiso dedicar y bautizar la Misión y la casa con el nombre de la Virgen María, a la que quiso llamar "CASA DE MARÍA MADRE DE LA PALABRA". Nunca un nombre fue más profético. Somos testigos de cómo este lugar se ha convertido, en estos 20 años, como María, en una verdadera madre, en cuyo seno ha acogido a tantas personas, cristianas y no cristianas. Y, como una madre, los ha alimentado con la Palabra hecha carne, Jesús, su Hijo, presente en la Palabra, en las liturgias, en los sacramentos y en la comunión celestial entre hermanos y hermanas de tantas naciones y lenguas diferentes. 

Podríamos contar tantos signos y maravillas del amor con que el Padre nos ha provisto, el Hijo nos ha acompañado y el Espíritu Santo nos ha dado fuerza y alegría. Y los muchos signos de la presencia silenciosa de la Virgen María que protegió y defendió muy concretamente esta casa, la misión y a los hermanos en tantas circunstancias difíciles. Incluso en los detalles hemos sido cuidados y a menudo mimados. Entre tantos signos brilla el de la generosidad de los bienhechores, prueba incontrovertible de la fidelidad y la providencia de Dios. Siempre nos han ayudado, participando así en la misión. Han estado aquí con nosotros en las dificultades, tantas, y en la precariedad, tantas, y muy a menudo su ayuda nos ha abierto puertas y caminos que no nos atrevíamos a imaginar. Hemos podido hacer tanto por el Evangelio y por la gente gracias a su generosidad.

Por eso, también este año, a pesar de las facturas, os pedimos, en el Nombre de Jesús, que sigais siendo generosos con Él y con Su misión. En definitiva, ayudarnos, de las maneras y en los momentos que Dios os inspire. Como muestra de gratitud, y para que, mirando las fotos, recorráis con nosotros estos 20 y bendigáis al Señor por ellos, os ofrecemos el CALENDARIO 2023 DE LA MISIÓN TAKAMATSU, todavía EN FORMATO DIGITAL. Es en italiano, espero el proximo año de tener mas tiempo para hacerlo tambin en español. Puedes descargarlo libremente de la dirección que te dejo y luego imprimirlo como quieras. 

Como muchos de ustedes saben, para nosotros aquí en la misión de Japón, la publicación del calendario es muy importante. Es una oportunidad para que os sintamos y os hagamos sentir cercanos, para que recéis cada día por nosotros y por la evangelización aquí y en toda Asia. Nunca dejaremos de dar gracias a Dios por los bienhechores. Les aseguramos que rezamos todos los días, como hago personalmente en cada Misa que celebro.

También les invito a que, a su vez, se conviertan en embajadores de la misión proponiendo y enviando el calendario al mayor número de personas posible.

Os doy las gracias también en nombre de los hermanos que comparten la misión conmigo y de los muchos japoneses que, también gracias a vuestra generosidad, son y serán alcanzados por el anuncio del Evangelio, el único que puede salvar y cambiar radicalmente las vidas. Que Dios te bendiga.

Antonello Pbro


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BUON NATALE CON IL CALENDARIO 2023 DELLA MISSIONE DI TAKAMATSU

 


S. Natale 2022

Carissimi, dopo il covid ecco la guerra e le bollette, i rincari e nuova precarietà. Ma Dio non è mai "in bolletta", e proprio nella precarietà più forte si fa sentire il suo amore provvidente. Lo abbiamo sperimentato tantissime volte in questi 20 anni di missione qui a Takamatsu.
Proprio in questo 2022 infatti, abbiamo celebrato il ventennale della missione voluta con zelo appassionato da Mons. Fukahori, il santo Vescovo che mi ordinò presbitero. Lui scelse la zona dove iniziare, allora nella periferia sud di Takamatsu, oggi zona di primo sviluppo della città. Attività commerciali, imprese e piccole fabbriche, tutto si sta spostando qui. Ma, soprattutto, da anni ormai case nuove che ospitano famiglie giovani spuntano davvero come funghi dopo una grande pioggia. E pioggia di Grazia e Spirito Santo è piovuta qui a Busshozan quel 29 giugno del 2002 quando, nella Solennità dei Santi Pietro e Paolo e in comunione con il il Papa San Giovanni Paolo II, Mons. Fukahori con una eucarestia celebrata nella casa, diede inizio alla missione inviando le famiglie italiane e spagnole ed io ad annunciare il Vangelo, con la vita e la Parola.
Pioggia di Spirito e di Grazie che, ne siamo certi, si è riversata feconda su questa città. Tantissimi giapponesi si sono avvicinati alla casa dove vivo e centro liturgico e di evangelizzazione della missione, come alle case del famiglie missionarie. Tra di esse alcune si sono unite al Popolo di Dio ricevendo il battesimo, o, semplicemente, camminando con noi come Rut, la moabita (pagana) e nonna del Re Davide che, rimasta vedova in giovane età, lasciò il proprio Paese e i suoi dei, per condividere le sorti di Noemi sua suocera ebrea. È forse questo il tratto più caratteristico di questa missione, le tante Rut che, in modi e tempi diversi, sono con noi, anche se ancora non hanno ricevuto il Battesimo, e forse non lo riceveranno mai. Respirano le folate dolci ma forti dello Spirito Santo che Dio fa scendere ogni giorno su questa Missione. Ascoltano, guardano, si interrogano, mentre il loro cuore resta desto in una santa inquietudine che è già prossimità a Cristo. Sono con noi, agganciati al mistero dell'amore di Dio che si fa reale e visibile in persone come loro, mariti e mogli, padri, madri e figli, nonni e nonne, bambini, ragazzi, e il loro sacerdote.
Nella povertà e nella debolezza identica a quella dei giapponesi Dio ha voluto deporre un raggio del suo volto come in un vaso di creta, perché le persone che vivono accanto a noi, dalle tante Rut a quelle più indifferenti, vengano raggiunte almeno una volta nella loro vita dalla sua luce. E. soprattutto, la Croce di ogni giorno sulla quale distendono la loro vita, in varie forme, anche le giovani coppie dei figli venuti qui bambini con le loro famiglie missionarie. La sofferenza vissuta in Cristo e con la forza e la luce della fede è il grande segno che Cristo ha vinto davvero la morte, il cuore dell'annuncio del Vangelo, la testimonianza autentica che si fa carne e giunge, come un dardo, nel cuore dei giapponesi e dei tanti immigrati sudamericani e asiatici che Dio ha affidato alla nostra missione.
Mons. Fukahori volle dedicare e intitolare alla Vergine Maria la Missione e la casa, che volle chiamare "CASA DI MARIA MADRE DELLA PAROLA". Mai nome fu più profetico! Siamo testimoni di come questo luogo sia diventato, in questi 20 anni, come Maria, una vera e propria madre, nel cui seno materno ha accolto tante persone, cristiani e non. E come una madre, li ha nutriti con la Parola fatta carne, Gesù suo Figlio presente nella Parola, nelle liturgie, nei sacramenti e nella comunione celeste tra fratelli di tante Nazioni e lingue diverse.
Potremmo raccontare tanti segni e prodigi dell'amore con cui il Padre ha provveduto per noi, il Figlio ci ha accompagnato e lo Spirito Santo ci ha dato forza e gioia. E i tantissimi segni della presenza silenziosa della Vergine Maria che ha molto concretamente protetto e difeso questa casa, la missione i fratelli in tante circostanze difficili. Persino nei dettagli siamo stati curati e, spesso, coccolati. Tra tanti segni risplende, ormai da anni quello della vostra generosità, prova inoppugnabile della fedeltà e della provvidenza di Dio. Ci avete sempre aiutato, partecipando così alla missione. Siete stati qui con noi nelle difficoltà, tante, e nella precarietà, tanta, e spessissimo il vostro aiuto ha aperto per noi porte e cammini che non osavamo immaginare. Tanto abbiamo potuto fare per il Vangelo e per le persone grazie alla vostra generosità.
Per questo, anche quest'anno, nonostante le bollette, vi chiediamo, nel Nome di Gesù, di essere ancora generosi con Lui e la sua missione. Insomma di aiutarci, nei modi, e nei tempi che Dio vi ispirerà. Come segno di gratitudine, e perché, guardando le foto, possiate ripercorre con noi questi 20 e benedire per essi il Signore, vi offriamo il CALENDARIO 2023 DELLA MISSIONE DI TAKAMATSU, ancora A TUTTI IN FORMA DIGITALE, nella speranza di riuscire ad organizzare una versione già stampata il prossimo anno. Potrete liberamente scaricarlo dall’indirizzo che vi lascio e poi stamparlo come preferite.
Come moltissimi di voi sanno, per noi qui in missione in Giappone la pubblicazione del calendario è molto importante. E’ un'occasione per sentirci e farvi sentire vicini, affinché possiate pregare ogni giorno per noi e per l'evangelizzazione qui e in tutta l'Asia. Non finiremo mai di ringraziare Dio per voi e anche tutti voi. Vi assicuro che preghiamo ogni giorno, come io personalmente in ogni messa che celebro.
PS. Approfitto per chiedere perdono con tutto il cuore se lo scorso anno vi sono stati dei disservizi e qualche difficoltà di comunicazione. Vi assicuro che è tutto artigianale, e faccio tutto da solo, non essendo un esperto in nulla... Mi scuso davvero, spero possiate comprendere.
Vi invito anche a farvi a vostra volta ambasciatori della missione proponendo e inviando voi stessi il calendario a quante più persone possibile.
Vi ringrazio anche a nome dei fratelli che condividono con me la missione e dei tanti giapponesi che, anche grazie alla vostra generosità, sono e saranno raggiunti dall'annuncio del Vangelo, l'unico che può salvare e cambiare radicalmente la vita. Che Dio vi benedica.
Antonello Pbro

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19 Dicembre. Novena di Natale




αποφθεγμα Apoftegma

La preghiera di Zaccaria ha ottenuto a questo corpo ormai vecchio 
di donare ancora la vita: la grazia e non la natura ha concepito Giovanni.

San Massimo di Torino












L'ANNUNCIO
Dal Vangelo secondo Luca 1,5-25

Al tempo di Erode, re della Giudea, vi era un sacerdote di nome Zaccarìa, della classe di Abìa, che aveva in moglie una discendente di Aronne, di nome Elisabetta. Ambedue erano giusti davanti a Dio e osservavano irreprensibili tutte le leggi e le prescrizioni del Signore. Essi non avevano figli, perché Elisabetta era sterile e tutti e due erano avanti negli anni.
Avvenne che, mentre Zaccarìa svolgeva le sue funzioni sacerdotali davanti al Signore durante il turno della sua classe, gli toccò in sorte, secondo l’usanza del servizio sacerdotale, di entrare nel tempio del Signore per fare l’offerta dell’incenso. 
Fuori, tutta l’assemblea del popolo stava pregando nell’ora dell’incenso. Apparve a lui un angelo del Signore, ritto alla destra dell’altare dell’incenso. Quando lo vide, Zaccarìa si turbò e fu preso da timore. Ma l’angelo gli disse: «Non temere, Zaccarìa, la tua preghiera è stata esaudita e tua moglie Elisabetta ti darà un figlio, e tu lo chiamerai Giovanni. Avrai gioia ed esultanza, e molti si rallegreranno della sua nascita, perché egli sarà grande davanti al Signore; non berrà vino né bevande inebrianti, sarà colmato di Spirito Santo fin dal seno di sua madre e ricondurrà molti figli d’Israele al Signore loro Dio. Egli camminerà innanzi a lui con lo spirito e la potenza di Elìa, per ricondurre i cuori dei padri verso i figli e i ribelli alla saggezza dei giusti e preparare al Signore un popolo ben disposto». 
Zaccarìa disse all’angelo: «Come potrò mai conoscere questo? Io sono vecchio e mia moglie è avanti negli anni». L’angelo gli rispose: «Io sono Gabriele, che sto dinanzi a Dio e sono stato mandato a parlarti e a portarti questo lieto annuncio. Ed ecco, tu sarai muto e non potrai parlare fino al giorno in cui queste cose avverranno, perché non hai creduto alle mie parole, che si compiranno a loro tempo».
Intanto il popolo stava in attesa di Zaccarìa, e si meravigliava per il suo indugiare nel tempio. Quando poi uscì e non poteva parlare loro, capirono che nel tempio aveva avuto una visione. Faceva loro dei cenni e restava muto.
Compiuti i giorni del suo servizio, tornò a casa. Dopo quei giorni Elisabetta, sua moglie, concepì e si tenne nascosta per cinque mesi e diceva: «Ecco che cosa ha fatto per me il Signore, nei giorni in cui si è degnato di togliere la mia vergogna fra gli uomini».


MUTI PER ACCOGLIERE L'INCARNAZIONE DELLA PAROLA DELL'AMORE CHE RISCATTA IL SILENZIO DELLA MORTE



Il Natale è una voce che squarcia il silenzio dell'incredulità. Dio non si piega alle nostre ragioni, ed è una Grazia tra le più grandi. Dio non è un uomo, non si siede al bar per cambiare d'opinione, per discutere e cedere alle nostre mormorazioni figlie del dubbio, ma, fedele alla sua Parola, la compie sino in fondo. "Avrai gioia ed esultanza": nonostante l'incredulità, è annunziata a Zaccaria una gioia straripante. Essa scaturirà proprio dal silenzio del dubbio. Dio ha a cuore la salvezza di ogni uomo, ma conosce l'estrema fragilità che tutti ci accomuna. L'ha messa in conto, sin da quel giorno nell'Eden, quando i due progenitori sbatterono sul legno dell'albero della Vita, e cedettero alle menzogne del demonio. Il suo amore accoglie, e assorbe nella fedeltà,  ogni debolezza, compresa quella dell'incredulità. Ed è la Buona Notizia del Vangelo di oggi, un passo in più verso il Natale ormai prossimo. Vi è, infatti, una storia data ad ogni uomo, un cammino che avvicina all'incontro con il Signore, e, passando per il crogiuolo dell'incredulità, prepara alla gioia senza misura che solo da Lui può originare. Nessun moralismo, nessuna esigenza. Il mutismo che ci avvolge dinanzi alla follia di una vita che irrompe nella morte ci svela la nostra realtà più profonda. Gli eventi incomprensibili, quelli dove la ragione non osa pensare qualcosa che superi lo stretto orizzonte dei criteri umani, descrivono l'impotenza delle nostre parole, poveri vestiti con i quali tentiamo di presentare, nel mondo, pensieri insufficienti ad abbracciare l'infinito che Dio rivela nella storia. Zaccaria non può far altro che chiedersi come sia possibile l'impossibile, e la domanda che sorge dalle su labbra è già silenzio: "Come potrò mai conoscere questo? Io sono vecchio e mia moglie è avanti negli anni". La sua mente guarda a se stesso e a sua moglie, e così precipita nel vuoto della propria incapacità. Maria, dinanzi ad un assurdo ancor più grande, non si ferma sulla propria realtà personale, guarda la storia e chiede aiuto, pone dinanzi all'angelo il limite dell'azione e della mente umane, come due mani aperte a raccogliere la Grazia. Zaccaria invece oppone la morte della sua carne e di quella di sua moglie, ed è un modo di affermare l'irragionevolezza dell'annuncio appena ricevuto. Ma Dio non si ferma a quell'obiezione incredula, non passa ad altri possibili destinatari: accoglie la debolezza di Zaccaria e la svela rendendolo muto, lo siede dinanzi alla storia, nel pieno della sua incapacità, come uno spettatore silenzioso dinanzi ad un film di fantascienza. Alla fine scoprirà che quel film è la sua stessa vita, e le luci che si accenderanno sui titoli di coda gli consegneranno il compimento di quell'annuncio cui non aveva potuto credere. La realtà che i suoi occhi scopriranno sarà proprio quella profetizzata dall'angelo, e il vederla scioglierà la sua lingua e libererà il suo cuore alla gioia. La vicenda di Zaccaria è la nostra storia di ogni giorno. Restiamo senza parole dinanzi ad eventi più grandi di noi, che ci sfuggono e ci atterriscono, e non riusciamo a comprendere la portata e l'autenticità dell'annuncio della Chiesa. Pensiamo tutti che dalla morte non può sorgere la vita. La relazione con quel collega è defunta da un pezzo; mio cugino mi ha cancellato; questa schiavitù alla pornografia, o al gioco, non se ne esce; questi peccati così radicati, in me, nel coniuge, nei figli, niente, son secoli e non cambia nulla... E' tutto vero, ma.... Accettiamo allora di non avere parole, sediamoci solitari e silenziosi in attesa della sua fedeltà. Mettiamo la bocca nella polvere, perché è Dio che ce lo impone. Non è un giudizio, non è neanche la fine di ogni speranza. E' il passaggio obbligato attraverso la nostra totale debolezza, senza la cui intima conoscenza, ogni miracolo dell'amore di Dio potrebbe essere afferrato e rimpicciolito, sino a farlo apparire come un frutto delle proprie capacità. Dio è fedele dentro la nostra incredulità. Questi giorni che ci separano dal Natale siano per ciascuno di noi la scoperta e l'accettazione della nostra povera realtà, l'attesa autentica di chi, senza speranza nella carne, si prepara allo stupore che scioglie lingua e cuore alla gioia autentica, quella di un amore che supera morte e incredulità, gratuito e senza condizioni. Che il nostro silenzio sia oggi la preghiera nuda e pura che sorge da un cuore contrito e umiliato, l'offerta povera della nostra esistenza al Dio della Vita.


COMMENTO COMPLETO

Il Natale è preparato da una voce che squarcia il silenzio dell'incredulità: "avrai gioia ed esultanza". Nonostante l'incredulità, è annunziata a Zaccaria una gioia straripante. Essa scaturirà proprio dal silenzio del dubbio. Dio vuole salvarci, ma conosce l'estrema fragilità che tutti ci accomuna. Il suo amore accoglie, e assorbe nella fedeltà, ogni debolezza, compresa quella dell'incredulità. Come quella di Zaccaria di fronte all'annuncio dell'angelo. E' un sacerdote, fondato sulla fede dei padri. Era già successo che Dio rendesse fertile un seno sterile, e Zaccaria lo sapeva. Ma, quando la storia della salvezza bussa alla sua porta, scopre che la sua fede non è così granitica come forse pensava. Finché i miracoli hanno riguardato gli altri, beh non era stato difficile credere. Credere nel senso di ritenere possibile che, in casi eccezionali con persone speciali, Dio possa fare cose straordinarie. Un pochino come quando si guarda un film, riuscito talmente bene da coinvolgerti e far sembrare realistiche anche scene che la ragione considerebbe inverosimili. Ecco, la fede di Zaccaria era così, sicura davanti allo schermo, friabile quando da questo la storia esce e si estende sino a diventare la sua. Immagina lo spavento, come se d'un tratto, mentre stai vedendo spiderman, questi si materializzasse a fianco a te e ti dicesse di cominciare a saltare su pareti e tetti con lui. E poi, superato lo shock, subito a guardarti la pancetta, e il ginocchio che cigola, e tutte le sigarette che fumi: per favore, non io, non è possibile... E' bello e vero quello che ci mostra un film fatto bene, la vita di un santo per esempio, ti sei emozionato molte volte e ti sei detto: accidenti è vero, come mai non ci avevo pensato prima... Ma quando, partita la prima pubblicità, ti giri e vedi tua moglie che scalda i motori e comincia a vomitarti rimproveri su tutte le vere e presunte omissioni di marito e padre - e non ne manca nessuna, neanche quelle che farai cinque minuti prima di morire - e per questo ti impone come un martello pneumatico di rimediare, e accompagnarla qui e là, stendere la biancheria, fare la spesa per almeno quattro mesi, darle carta bianca su vacanze, weekend e colore della nuova carta da parati, quando questo torrente in piena ti investe... Splendido, ma non per me, e ti giri dall'altra parte, infilandoti silenzioso dentro te stesso. Anche così si diventa muti, come Zaccaria. Impossibile amare, bello a dirsi ma impensabile a farsi; proprio come avere un figlio da una moglie sterile quando si è vecchi. 
Per questo, la domanda con cui Zaccaria risponde all'angelo è già un silenzio: "Come potrò mai conoscere questo? Io sono vecchio e mia moglie è avanti negli anni". Si ferma a guardare se stesso e sua moglie, e così precipita nel vuoto della propria incapacità. Maria, dinanzi a un annuncio ancor più stupefacente, non affonda in se stessa, ma si prende tra le mani, lei e quel suo non conoscere uomo, e le apre per raccogliere la Grazia che saprà compiere l'impossibile. Zaccaria, invece, si chiude in se stesso, e per questo Dio gli chiude la bocca. Nessuna parola umana rivestita di orgoglio può spiegare i miracoli di Dio. Ma proprio spegnendogli la voce, Dio mostra il suo amore e la sua fedeltà. Non si ferma, non passa ad altri possibili destinatari. Prende Zaccaria e lo siede muto dinanzi alla sua incredulità, visitata e riscattata gratuitamente dalla misericordia. Muto come Giobbe, per contemplare l'opera di Dio, senza sporcarla con le parole della sua limitata ragione. Solo così le sue labbra potranno schiudersi nella fede autentica con parole di lode gioiosa. Quando presenterà al Tempio quel bambino dinanzi a Dio e al popolo, potrà professare la fede chiamandolo Giovanni, il nome nuovo che Dio aveva indicato. Zaccaria era così passato dall'incredulità alla fede attraverso un cammino nel silenzio. Per credere, infatti, occorre che le certezze e le ragioni umane facciano spazio alla novità di vita che Dio vuol donare. Allo stesso modo camminavano i pagani per giungere al battesimo, spogliati a poco a poco degli idoli, dei costumi mondani, accogliendo la fede predicata dalla Chiesa mentre si incarnava in una vita diversa da quella condotta prima. Così Dio sta facendo con noi. Quello che ci annuncia il Natale, infatti, al netto del sentimentalismo, è fuori della portata umana: Dio si fa carne nella tua carne. Ciò significa che viene a prendere la tua vita e la va a trasformare nella vita di Cristo, sino alla Croce, sino ad un amore che supera ogni limite, che si dona anche al nemico. Che non esige giustizia ma perdona, settanta volte sette. Rimani senza parole, vero? Tu, che hai quel rancore sordo per tuo genero, ti inginocchierai davanti a lui, che ha fatto soffrire tua figlia, che l'ha tradita, gli chiederai perdono e lo accoglierai a casa tua con un pranzo buonissimo. In te sarà vinta ogni sterilità, e darai alla luce Giovanni, una vita nuova e profetica, "colma di Spirito Santo fin dal seno di sua madre". Sarai inviato come lui a "ricondurre molti figli d’Israele al Signore loro Dio" e a "ricondurre i cuori dei padri verso i figli e i ribelli alla saggezza dei giusti e preparare al Signore un popolo ben disposto". Dove? Nella tua famiglia, al lavoro, ovunque, perché "camminerai innanzi" a Dio sulle strade della tua vita, "con lo spirito e la forza di Elia", testimoniando la vanità degli idoli e la provvidenza del Padre. La tua sarà una vita donata senza riserve per ogni uomo. Impossibile, io non ne sarò mai capace, anche perché non ci credo che sia quella la verità. Allora resti muto accanto alla tua Elisabetta, alla storia nella quale Dio va a compiere quello che ti ha annunciato. Muto a sperimentare il perdono di Dio che feconda il tuo cuore indurito, e lo scioglie, giorno dopo giorno, come è accaduto al grembo di Elisabetta. La storia visitata da Cristo e il cuore unito al suo ti testimonieranno che l'amore di Dio è l'unica Verità. E finalmente crederai, ti appoggerai a Cristo per vivere amando. Perché non basta uno spettacolo televisivo che parla divinamente di Dio, non basta neanche la religione vissuta come Zaccaria, "svolgendo fedelmente le funzioni sacerdotali". Senza Cristo non si va da nessuna parte, perché chi non partecipa alla sua risurrezione resta morto nei peccati; la vita resta muta, senza parole che si facciano carne nell'amore come il Verbo incarnato. Senza un cammino di fede non può nascere in noi Cristo; Lui non è figlio dell'emozione, dello share e dei "mi piace", ma della conversione e della GraziaAccettiamo allora di non avere parole, sediamoci solitari e silenziosi in attesa della misericordia di Dio. Passiamo questi giorni che ci separano dal Natale nell'attesa di poter accoglie Dio che si fa carne per risuscitare la carne. Che il nostro silenzio sia oggi la preghiera nuda e pura che sorge da un cuore contrito e umiliato, l'offerta della nostra esistenza al Dio della Vita che scioglie il cuore e le labbra nella benedizione, che è, come dicevano i rabbini, il luogo della presenza di Dio tra gli uomini.



APPROFONDIMENTI





17 Dicembre. Novena di Natale

Crocifisso del Tesoro del Duomo di Monreale

L’immagine è inchiodata all’albero di Jesse.
La pianta nasce dal fianco del re di Giuda
e i suoi rami presentano gli altri re progenitori di Gesù.
In cima la figura della Vergine.


    αποφθεγμα Apoftegma

Se questo uomo nuovo, 
fatto «a somiglianza della carne del peccato»
non avesse assunto il nostro uomo vecchio, ed egli, 
che è consostanziale con il Padre, 
non si fosse degnato di essere consostanziale 
anche con la Madre e se egli, 
che è il solo libero dal peccato, 
non avesse unito a sé la nostra natura umana, 
tutta quanta la natura umana sarebbe rimasta 
prigioniera sotto il giogo del diavolo. 
Noi non avremmo potuto aver parte alla vittoria gloriosa di lui, 
se la vittoria fosse stata riportata fuori della nostra natura.
 
San Leone Magno
 
 












L'ANNUNCIO
Dal Vangelo secondo Matteo 1, 1-17

Genealogia di Gesù Cristo figlio di Davide, figlio di Abramo.
Abramo generò Isacco, Isacco generò Giacobbe, Giacobbe generò Giuda e i suoi fratelli, Giuda generò Fares e Zara da Tamar, Fares generò Esrom, Esrom generò Aram, Aram generò Aminadàb, Aminadàb generò Naassòn, Naassòn generò Salmon, Salmon generò Booz da Racab, Booz generò Obed da Rut, Obed generò Iesse, Iesse generò il re Davide.
Davide generò Salomone da quella che era stata la moglie di Urìa, Salomone generò Roboamo, Roboamo generò Abìa, Abìa generò Asaf, Asaf generò Giòsafat, Giòsafat generò Ioram, Ioram generò Ozìa, Ozìa generò Ioatàm, Ioatàm generò Àcaz, Àcaz generò Ezechìa, Ezechìa generò Manasse, Manasse generò Amos, Amos generò Giosìa, Giosìa generò Ieconìa e i suoi fratelli, al tempo della deportazione in Babilonia.
Dopo la deportazione in Babilonia, Ieconìa generò Salatièl, Salatièl generò Zorobabele, Zorobabele generò Abiùd, Abiùd generò Eliachìm, Eliachìm generò Azor, Azor generò Sadoc, Sadoc generò Achim, Achim generò Eliùd, Eliùd generò Eleàzar, Eleàzar generò Mattan, Mattan generò Giacobbe, Giacobbe generò Giuseppe, lo sposo di Maria, dalla quale è nato Gesù, chiamato Cristo.
In tal modo, tutte le generazioni da Abramo a Davide sono quattordici, da Davide fino alla deportazione in Babilonia quattordici, dalla deportazione in Babilonia a Cristo quattordici.


UNA LUNGA STORIA D'AMORE DISTESA SUI RAMI DELLA CROCE


Albero di Jessé, Guiard dei Mulini, Bibbia historiale,
Francia, Sant'Omer, XIV° sec
Una lunga storia d'amore è quella di Dio con il suo popolo e con l'umanità intera: una linea retta che ha trapassato debolezze e peccati, con pazienza e sempre rinnovata misericordia. La linea tinta con il sangue di Cristo, pensato sin da quando iniziava a scorrere il sangue in Adamo, e il mio, e il tuo. Il sangue divino che è giunto, nella pienezza dei tempi, a farsi una cosa sola con il sangue umanissimo dei suoi fratelli più piccoli, quello dei peccatori. Per questo la Novena di Natale inizia con un percorso a ritroso seguendo le gocce del sangue di Cristo, colate una dopo l'altra sul selciato della storia calcato da ogni uomo. "Egli - infatti - è colui che fu ucciso in Abele, e in Isacco fu legato ai piedi. Andò pellegrinando in Giacobbe, e in Giuseppe fu venduto. Fu esposto sulle acque in Mosè, e nell'agnello fu sgozzato. Fu perseguitato in Davide e nei profeti fu disonorato. Egli è colui che si incarnò nel seno della Vergine, fu appeso alla croce, fu sepolto nella terra e, risorgendo dai morti, salì alle altezze dei cieli. Egli è l'agnello che non apre bocca nato da Maria, agnella senza macchia. Egli fu preso dal gregge, condotto all'uccisione, immolato verso sera, sepolto nella notte. Egli risuscitò dai morti e fece risorgere l'umanità dal profondo del sepolcro" (Melitone di Sardi). Iniziamo dunque la Novena scorrendo la "genealogia di Gesù", per contemplare, nel cammino del suo seme umano, l'intensità e la profondità dell'amore di Dio che non ha mai lasciato l'uomo solo con la sua superbia. Il termine usato da Matteo per definire la genealogia - ghénesis - lo incontriamo, infatti, nella Lettera di Giacomo: "(Chi non mette in pratica la parola) somiglia ad un uomo che osserva il proprio volto - alla lettera la forma del suo essere, in uno specchio -" (1 Gc. 1,23). La storia del Popolo è tutta in questa Parola: chiamato a guardare a Dio, ad abbandonarsi alla sua promessa colma d'amore fedele, ha costantemente disatteso l'ascolto e l'obbedienza e si è trovato a contemplare il proprio volto, la forma del suo essere corrotto, inconsistente, vuoto. Come ciascuno di noi: quante ore passate a contemplarci allo specchio, costretti a sbattere contro la nostra stoltezza, sperimentando quel senso d'inappagamento, di non risolto, di effimero che sbiadisce ogni istante, relazione e gesto. Ma è proprio qui che Dio ha deciso di piantare la sua tenda. In questa fila di nomi, i nostri, fin dentro le nostre storie perdute; ci è venuto a cercare nell'intreccio di caratteri difficili, peccati, complessi, disfatte e vane glorie. Per questo abbiamo bisogno, nella Novena che ci separa dal Natale, di vedere i passi che abbiamo posato nel fango accanto a quelli del Signore. E giungere così alla nostra realtà di questo tempo, e scoprire che proprio essa è la grotta di Betlemme, il destino al quale conducevano le orme del Signore. L'incarnazione di Dio significa, infatti, la pienezza dei tempi di ogni storia, il momento speciale nel quale ogni esistenza incontra la sua salvezza. E di colpo, quello che era solo abbondanza di peccati è trasformato in Grazia sovrabbondante. Cominciamo oggi il cammino che, come accadde ai pastori di Betlemme, ci condurrà alla Grotta che è il cuore della nostra vita, per contemplarvi l'amore che la riscatta: "Bisogna riconoscerlo, la genealogia carnale di Gesù è spaventosa. Pochi uomini hanno avuto forse tanti antenati criminali, e così criminali. Particolarmente così carnalmente criminali. È in parte ciò che dà al mistero dell’Incarnazione tutto il suo valore, tutta la sua profondità, un arretramento spaventoso. Tutto il suo impeto, tutto il suo carico di umanità. Di carnale. Quantomeno per una parte, e per una gran parte" (C. Peguy). 

C'è Abramo nella nostra storia, la promessa che ci ha dato vita; c'è Davide, l'elezione e il peccato della concupiscenza perdonato mille volte; c'è l'esilio, quello di ogni giorno vissuto lontano da Dio e scivolato senza amore. E ci sono quei volti che ci assomigliano rammentandoci la fedeltà di Dio: Isacco, l'impossibile che Dio ha tante volte realizzato nella nostra vita; Giacobbe, l'astuzia subdola per volgere tutto a nostro favore e piegata dalla Croce di ogni giorno; Rut, la straniera e pagana bagnata dalla Grazia come noi strappati al mondo perché accolti con misericordia nella Chiesa, dove abbiamo trovato l'unico Sposo che aveva diritto di sposarci; Salomone, scelto come noi per edificare un Tempio al Signore, che ha gettato alle ortiche primogenitura e sapienza sedotto e stritolato nei tentacoli della bellezza effimera, eppure amato da Dio con pazienza e fedeltà; e i mille altri volti, sino a Giuseppe, sino a Maria, la Chiesa nostra Madre che ci ha accolti nel suo grembo di misericordia, e ci sta gestando nella Verità e nella tenerezza sino a oggi. Attraverso di Lei siamo entrati a far parte di una famiglia santa, dove non siamo "più stranieri né ospiti, ma siamo diventati concittadini dei santi e familiari di Dio" (Ef. 2,18). Dio ha compiuto la sua promessa! Non importa se l'abbiamo dimenticata, e abbiamo vissuto da straccioni pur essendo Figli di Dio. Oggi, nell'amore fatto carne, brilla lo splendore della misericordia che riscatta e santifica la nostra carne. Oggi Gesù è di nuovo generato in noi dallo Spirito Santo, perché impariamo, da Abramo e Maria, l'inizio ed il compimento della nostra storia, ad ascoltare e a obbedire alla Buona Notizia. Viene di nuovo il Salvatore, alza lo sguardo nella liturgia, porgi l'orecchio alla Parola, intensifica la preghiera, accostati ai sacramenti, alla confessione, e lascia a Cristo i tuoi passi sozzi di peccato. E vai a cercare le persone che hai cacciato fuori dalla tua "genealogia": facevano parte di te, e un giudizio, un'invidia, un rancore li ha cancellati. Ma ora hai capito, ogni persona che la volontà di Dio ha unito alla tua storia, è un'orma insostituibile del cammino di Cristo verso di te. Anche loro sono parte della grotta dove Lui ha scelto, per amore, di nascere per far rinascere.